Viajar en Bicicleta por Michoacán

Michoacán de mis Amores

Viajar en bicicleta por Michoacan ha sido una de las experiencias fascinante, en gran parte gracias a su gente.

No es ningún secreto que el Estado de Michoacán esté pasando por su mejor momento en cuanto a seguridad.

Al menos así se lo determinan las estadísticas. Según el Sistema Nacional de Seguridad Pública en el año pasado 2016, Michoacán se ubicó en el tercer puesto de las entidades nacionales con mayores homicidios en México. En total se registraron 1,287.

Para cualquier persona, esta estadística podría fácilmente amedrentar las ganas de visitar el estado, y con toda razón. Sin embargo estoy aquí para convencerlos de lo opuesto.

Viajar en Bicicleta por Michoacán

Annika y yo pasamos por Michoacán en bicicleta el pasado Julio del 2016. Recorrimos alrededor de 345 km en un periodo de una semana y media en bicicleta. Cruzamos las ciudades de Zamora, Zacapu, Morelia y Maravatío del Campo y varios poblados en el camino.

No esta demás decir que la experiencia nos encantó. Michoacán tiene una belleza natural descomunal, su gente es bondadosa y su gastronomía fenomenal. Cada día que estuvimos pedaleando por Michoacán descubrimos otras historias de las que desafortunadamente no se lee mucho en los periódicos.

Cada una de ellas prueban de que la gran mayoría de los 4.3 millones de seres humanos que llaman Michoacán su hogar, sueñan en revertir la fama de estado peligroso y se les reconozca por lo que verdaderamente son. Un pueblo que es generoso, alegre y trabajador.

Con la finalidad de motivarlos a ustedes a que tomen su bici y descubran el Michoacán que nosotros descubrimos, les presento aquí algunas pequeñas historias que inspiran a visitar este gran estado nuestro.

En Zamora con Anahí, Judith y Edith

Sin conocernos, estas tres muchachas de Michoacán nos abrieron las puertas de su casa y nos invitaron a cenar unos exquisitos tacos. Dos de ellas, Judith y Edith, pertenecen a la comunidad de Warmshowers y se están alistando para poder hacer su propio viaje en bicicleta. Ellas ya han hecho varios por el estado. En su departamento nos cedieron su recamara para que estuviéramos más cómodos, ese tipo de hospitalidad no se puede menospreciar. Por siempre estaremos agradecidos con ellas.

Judith, Edith y Yo en su casa y su gatito.

Judith, Edith y Yo en su casa y su gatito.

Unos Tacos con Humberto

Si no hubiera sido por Humberto y su esposa nos hubiéramos perdido la visita a Camécuaro, un lago de aguas cristalinas como ningún otro que haya visto. Por asares del destino me paré a comprarme un vaso de leche de coco para refrescarme.

Humberto nos recomiendo pedalear 5 km al norte para ir a ver la laguna de Camécuaro.

Humberto nos recomiendo pedalear 5 km al norte para ir a ver la laguna de Camécuaro.

Ricos Tacos de Nopales y Frijol

Ricos Tacos de Nopales y Frijol

A Annika se le antojó fruta y sin darnos cuenta ya estábamos cotorreando con Humberto y su esposa dentro de su puesto en la carretera. Amalia, la esposa de Humberto, nos ofreció unos tacos de nopales con frijoles. Cada quién nos comimos un par. Cuando supo a donde íbamos, Humberto fue el que nos dijo que pasará lo que pasará no podíamos dejar de visitar Camécuaro. Le hicimos caso y gracias a él pasaron dos cosas: nos maravillamos con el lago y conocimos a Alejandro.

Annika Feliz en Camécuaro

Annika Feliz en Camécuaro

La Familia Mora

Fue muy rápido, ni me acuerdo muy bien cómo fue. Entramos a Camécuaro con nuestras bicicletas y Alex se acercó con nosotros. En cuanto supo que nos dirigíamos hacía Zacapu nos ofreció su casa. Desde entonces seguimos en contacto. Nuestro querido Alex no sólo nos invitó a cenar, a dormir en su casa y a desayunar. También nos llevó a conocer a Martin, su amigo Alemán, que lleva más de 25 años viviendo en Zacapu, administrando su propio restaurante alemán en la ciudad.

Alex nos lleva a su casa en su camioneta.

Alex nos lleva a su casa en su camioneta.

Alex también nos llevó a conocer su jardín donde también tiene un huerto así como los diversos manantiales que se encuentran en su pueblo. Su generosidad, su gran humor negro y su afectuosidad conquistaron nuestros corazones como pocos. El y su esposa Martina siempre nos hicieron sentir en casa.

Alejandro y Martina Mora

Alejandro y Martina Mora

Los Elotes que se Acabaron

Nos tocó la lluvia, un chubasco marca diablo. Encontramos refugio en un puesto de elotes, dirigidos por Doña Elsa. Nuestro plan era esperar a que pasará la lluvia mientras nos comíamos un esquite. Para nuestra mala suerte justo un minuto antes Doña Elsa había vendido su último maíz. Nuestra decepción en poco tiempo se convirtió en risas ya que tanto ella como sus amigas nos hicieron reír con sus ocurrencias.

Al final nos quedamos con ella cotorreando todo el tiempo y aprendimos un poco sobre su negocio. Resulta que Doña Elsa vende alrededor de 40 a 60 elotes por día. Cada uno lo vende a 10 pesos y lo compra por 2. No cabe duda que el ingenio de negocio y el trabajo duro de nuestras compatriotas nunca debe de subestimarse. Al final no sólo acabamos agradeciendo a Doña Elsa, sino admirando la. Ella con su negocio estaba sacando adelante a su familia.

El Día de los No Elotes

Nos quedamos con ganas de elotes pero salimos con una lección de negocios!

Jesús “El Amigo” y su Mamá

La lluvia nuevamente nos había atrapado. Esta ocasión encontramos refugio en un pequeño abarrotes dirigido por la señora Evita. En la tiendita conocimos a Jesús. Él tenía poco de haber regresar de los Estado Unidos deportado. Pero lejos de quejarse se puso a chambear y junto con su papá y mamá cuidaban y administraban ganado y la tienda de abarrotes.

Jesús ya no tenía ganas de regresar, nos dijo que ya se había vuelto muy caro. Nos dijo que los coyotes ahora piden hasta 6,000 USD por cruzar. “Con ese dinero mejor vivo aquí tranquilo un rato y lo invierto en ganado”. Nos comentó que su esposa estaba empezando con un Kínder. Esa noche Jesús nos ofreció un pequeño cuarto, que se usaba para el Kínder, donde pudimos dormir sin cobrarnos un quinto a pesar de que se lo ofrecimos. Sin lugar a duda una historia que se lee poco en las noticias.

Jesús y su Mamá

Jesús y su Mamá, aunque la foto es muy injusta, en realidad son muy alegres.

María y Andrea

Martin no ha sido el único alemán que conocimos en Michoacán. En Morelia llegamos con María, la mamá de Andrea, una amiga mía desde hace mucho tiempo. Ella lleva varios años viviendo en Michoacán, tanto tiempo que ya hasta ubico unos panaderos que le hornean sus panes alemanes. Ambas son unos amores. Nos organizaron una plática en su casa y María nos hospedó por dos noches. Andrea nos mostró un poco de la ciudad y nos platicó sobre su firma de arquitectura que se dedica a desarrollar hogares sustentables. Sus proyectos son maravillosos. ¡Ya sabemos quién va a construir nuestro hogar en el futuro!

María y Andrea

María y Andrea en el bello jardín de la casa de María

Con estos ejemplos esperamos convencerlos que Michoacán es mucho más de lo que dicen las estadísticas y las noticias. Debemos decir que en ningún momento nos sentimos amenazados o en peligro. De hecho nos sorprendió la cantidad de ciclistas que hay en Michoacán, muchos practicando ciclismo de ruta y otros siempre y sencillamente como medio de transporte.

Michoacán Apta para Ciclistas

Michoacán es apta para ciclistas, con calles pequeñas y señales que protegen al ciclista.

En varias carreteras hasta habían señales advirtiendo a los carros sobre la presencia de ciclistas. En general nuestra experiencia en Michoacán fue encantadora y sería una irresponsabilidad no compartir lo, porque lugares como éste en nuestro país y en el mundo, siempre valen la pena conocer.

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  1. Carolyn says:

    Very interesting!

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