Pedaleando por Baja California Sur

Loreto en BicicletaExportadora de SalLugar donde dormimos ese día. Camino Pesado por el CalorBeautiful beaches at the Concepción Bay in Baja California Sur (BCS)Evening at the Cycling the Bahía Concepción in Baja California Sur, MexicoOn the way from the lighthouse back downtown.  #beautifulmulegéSwimming in Bahía ConcepciónNatalia Lafourcade in Santa Rosalía live in concert

Julio 2016

Cruzamos el paralelo 28, dejábamos atrás al Baja California Norte. Estábamos emocionados porque llegaríamos a Guerrero Negro a visitar al abuelo de mi amigo Jorge Velez.

En Guerrero Negro fuimos recibidos por la excelente persona que es Don Oscar Quintero. Don Oscar es un hombre de 80 años con energía de uno de 25. Va y viene por la ciudad atendiendo su tienda y sus negocios.

Don Oscar Quintero

Don Oscar Quintero

Cada tarde a la hora de comer tuvimos el privilegio de poder conversar con él sobre sus historias de cuando era joven. Me recordaba mucho a mi propio abuelo. Nos dio oportunidad de quedarnos varios días para redactar y trabajar.

Nos recomendó con su amigo Roberto que nos dio un tour por la Exportadora de Sal, una de las productoras de sal más grandes del mundo. Se dice que la exportadora de sal produce alrededor de 8 millones de toneladas al año para el uso industrial y de mesa.

Exportadora de Sal

Exportadora de Sal

En Guerrero Negro dimos una platica en la UABCS con los estudiantes de Turismo alternativo. Ahí conocimos al Zihul un personaje del que podrán leer en otra entrada que vamos a publicar.

Comidos, descansados y trabajados seguimos nuestro camino hacia Santa Rosalía, donde nos esperaban otras series de platicas. Las platicas las había organizado Miguel Asa, el Bicitante.

De Guerrero a San Ignacio (nuestro primer oasis) se caracterizó por ser principalmente plano. El viento estaba con nosotros e hicimos 140 kílometros en un día. Descansamos en un restaurante/abarrotes. A lo lejos vimos humo, los locales nos decían que era el palmar de San Ignacio. Al siguiente día el fuego parecía haber sido controlado.

La carretera plana había deja de ser. Subíamos y bajábamos y el calor se ponía más feroz. El desierto seguía fascinándonos. Casi al llegar a San Ignacio vimos por primera vez en el viaje una señal que decía Casa Ciclista. Annika y yo decidimos pasar a verla. Ahí conocimos a Othon y su familia, un verdadero caso de éxito del efecto que tiene el cicloviajero por el país que pedalea. Más sobre de él aquí.

Lugar donde dormimos ese día.

Lugar donde dormimos ese día.

San Ignacio nos sedujo desde el primer instante. Un poblado con una Misión, un oasis y un ambiente de magia. Después de pedalear y pasar sed y hambre llegar a un lugar en el que puedes refrescarte en sus aguas no tiene precio.

Nos quedamos un día, sin realmente querer irnos, pero teníamos que llegar a Santa Rosalia para nuestras platicas.

El camino fue pesado, esos días había azotado una ola de calor en la zona y tuvimos que pedalear varios kilómetros hacia arriba. Sentía que me derretía. Al final llegamos a San Rosalía, un pueblito que había sido parte de una colonia francesa muy importante debido a la empresa que controlaba la mina bajo el nombre El Boleo.

Santa Rosalía es uno de esos lugares exóticos donde en medio del desierto se edifica un poblado con arquitectura neo-clásica típica de la Francia de la Belle Epoc. El legado era obvió, el pan, la arquitectura y sobre todo la Iglesia diseñada por el mismísimo Gustav Eiffel.

Camino Pesado por el Calor

Camino Pesado por el Calor

Durante nuestra estancia tuvimos unos anfitriones de lujos, Edgar, Paty y Jesus. Éste ultimo funcionario público de la ciudad encargado de la cultura. Jesus nos ayudó a gestionar un par de platicas más y nos reforzó nuestra fe en todas las personas que se desviven por hacer de nuestro país un lugar mejor para vivir. Más sobre como empatizamos con ellos aquí.

Dejamos Santa Rosalía y nos dirigimos hacía Mulegé. Otro pueblo mágico con oasis, Misión, un pueblito colorido y un aire de tranquilidad. La Baja California Sur puede bien ser descrito como el mejor secreto guardado del mundo. Era ridícula la belleza que se nos revelaba a cada lugar donde llegábamos. A pesar del calor pedalear por las mañanas y tardes en el desierto resultaba un espectáculo en sí.

De Mulegé hicimos nuestro camino lento por la Bahía Concepción, lugar que resguarda de las playas más bonitas y especiales que he visto en mi vida. Cada 10 kilómetros era parar en una playa, una más bonita que la otra desde Santispac, el Coyote, el Burro hasta el Requesón y más.

Nosotros dormimos en El Requesón. Les dejo una foto que creo que le hace mayor justicia a lo que pudiera escribir.

Del Requesón llegamos a Loreto, en cuanto llegamos no nos queríamos ir. Nos hospedamos en un campamento llamado Casa Palmas, donde la dueña Mariana se ha esmerado en brindar un lugar seguro y cómodo para cualquier ciclista se sienta como en el paraíso. El lugar tiene todo, baños, cocina, espacio para poner tu casa de acampar e internet.

Loreto nos encantó, hicimos paddle board en sus playas, nadamos y comimos las famosas almejas chocolatas, obsequio de nuestro amigo Alex. Alex es un buzo de la región y el mismo junto las almejas del mar.

Loreto en Bicicleta

Loreto en Bicicleta

Finalmente nos dirigimos hacía La Paz, BCS la capital del estado. Para llegar ahí tuvimos que brincar un par de cerros a más de 500 metros sobre el nivel del mar. Lo logramos en una tarde, la vista inigualable.

En La Paz cerramos nuestra visita a la Baja con la grata compañía de nuestros nuevos amigos Tuly y Jesus “el guero”. Tuly nos hizo de comer prácticamente todos los días y nos llevo a Playa Balandra. Más sobre nuestra experiencia en La Paz aquí.

De ahí tomamos el Ferry a Mazatlan y así nos despedíamos de nuestra querida Baja.

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