En Bici hacia el Círculo Artico y Mas Allá Parte 2

Scenic Dempster HighwayA cold nightDempster by bikeCycling the DempsterRoberto DempsterThe DempsterFireweed everywhereBiking the DempsterCycling the Dempster HighwayDempster Highway by bicycleSignpost to Inuvik There was traffic on the Dempster after all!Biking up through the canyon, aka Climbs on the DempsterBicycles on the Peel River FerryNo mudguards is perfectMackenzie River Ferry to TsiigehtchicTsiigehtchicTsiigehtchic on the Arctic Red River and Mackenzie Riverfeast for the mosquitoesGwich’in Territorial ParkOn the way to InuvikAnnika and Roberto in InuvikThe Dempster Highway Elevation ProfileCycling the Dempster Highway!Dinnertime!Camping on Dempster HighwayBear boxEntering the beautiful Tombstone National ParkTombstone Park in Yukon TerritoryCycling the Dempster HighwayComfy times in our rain hut in Engineer CreekThe Rain Team of Engineer CreekBiking the Dempster in a groupBiking the Dempster's TundraNight cycling up NorthCycling North CanadaMud on the Dempster HighwayMit dem Fahrrad auf dem Dempster HighwayReaching Eagle PlainsEagle Plains. Population Eight. Beautiful Ponds

Canada, Septiembre, 2015

Continua nuestro viaje En Bici hacia el Círculo Artico: Dawson City a Inuvik

Y llegamos a Dawson City, al llegar tomamos el transbordador gratuito que cruza el río Yukon hacía el pueblo de Dawson. Después de un par de días sin estar en un pueblo real que cuenta con todos los servicios, llegar a Dawson City para nosotros fue de lo mejor. Nos fuimos derechitos a comer comida preparada y a buscar el camping dentro de la ciudad. Como lo compartimos con Martine nos salía a mitad de precio.

En Dawson City básicamente nos preparamos para el viaje mayor, el Dempster Highway, 760 km de trerraceria que nos llevaría hasta el círculo ártico y el pueblo de Inuvik, uno de los pueblos más remotos del mundo.

En Dawson comimos, nos relajamos, lavamos nuestra ropa y limpiamos nuestras bicicletas. También fuimos al centro de turismo del territorio del norte para informarnos sobre pedalear unas de las carreteras mas emocionantes en el mundo. Entre el apoyo más grande que nos hicieron fue la de transportar la mitad de nuestros víveres al hotel Eagle Plains, uno de los tres únicos puntos donde hay civilización en la carretera, para que de esa manera no tuviéramos que cargar con toda nuestra comida.

El clima se veía bien y nuestros ánimos estaban altos. Martine conoció a dos alemanas que también iban a pedalear la carretera y terminaron por unirse con nosotros, así que de ser tres, pasamos a ser 5 los aventureros que atravesarían el círculo ártico. Y así comenzó nuestra aventura por el Dempster Highway.

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Demspter Highway

Nos habían advertido y no lo habíamos creído, pero lo comprobamos. Pedalear el Dempster Highway fue todo un reto, tanto físico como mental y emocional. Mucha gente lo logra en 7 u 8 días, pero nosotros lo hicimos en 13 con dos días de descanso y a una velocidad promedio. La razón por la que nos tardamos tanto, fue por el clima.

Iniciamos muy bien, el primer día hicimos unos 80 km a pesar de que salimos de Dawson City tarde, por ahí de las 2 pm. Cuarenta de esos kilómetros tan sólo para llegar al inicio de la carretera. En ese pequeño tramo todo el equipo nos juntamos y Martine encontró un campamento que los nativos de la región usan para cazar, así que el lugar estuvo cómodo para acampar.

El siguiente día entramos ya en forma y entramos al parque de Tombstone, donde había un centro turístico, donde llenamos nuestros botes de agua, pedimos información sobre el clima y utilizamos sus baños. El lugar también tenía una buena biblioteca sobre vida silvestre de la región y un museo de animales disecados. Hasta ese momento la calle se encontraba en buenas condiciones y no había ninguna elevación pronunciada. Fue justo después del centro que el pedaleo de gota gorda empezó.

Después de subir nos quedamos un rato admirando el esplendoroso paisaje desde el descanso de la carretera. Y seguimos con la luz del atardecer que en realidad dura hasta las once de la noche. Aquella noche dormimos a lado de un río con el sol amarillo y el cielo azul.

El próximo día la historia fue completamente diferente, la lluvia se hizo presente desde temprano y no paro en dos días. Llovió tanto que decidimos quedarnos en uno de los refugios de cocina de uno de los campamentos de estado por todo un día. La razón era que la lluvia había prácticamente lavado la calle y se había formado un lodazal que impedía a los carros avanzar adecuadamente. Como ya teníamos experiencia con lodo, decidimos esperar a que la lluvia cesará, ya que si no lo hacíamos pedaleando tan sólo haríamos muy pocos km y seríamos miserables. Normalmente el lodo se pega a las llantas y obstaculiza el rodado de la llanta y los frenos, ocasionando que toda tu bici se estanque y tengas que quitar el lodo a mano para poder avanzar unos cuántos metros antes de que vuela a suceder. Así que nos quedamos con el fuego prendido, jugando cartas y comiendo comida que la gente nos obsequiaba sin ninguna razón en lo particular.

Jamas había tantas ganas de comer una hamburguesa, y es que por la cuestión de seguridad con los osos, tan sólo cargábamos comida deshidratada que aunque estaba rico no se asemejaba en nada a la comida ¨real¨. La hamburguesa llegaría pero estaba a más de 150 km hasta el oasis de la carretera el hotel Eagle Plains, la parada forzada de todo viajero que iba al círculo ártico. Aunque sólo habían ocho habitantes, el lugar contaba con restaurant, cuartos de hotel, espacios para acampar, bar y gasolina.

Pero ese oasis aún quedaba lejos, puesto que el día siguiente la lluvia continuo y decidimos quedarnos otro día más hasta que dejará de llover. Eso sucedió hasta el tercer día de estar en el campamento, el cielo se abrió y pudimos seguir. Antes de salir del refugio el grupo había crecido a ocho, dos motociclistas, Emily que observa a pájaros y nosotros. Todos íbamos rumbo al norte, pero al final no todos pudieron llegar por el clima.

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La Belleza de la Soledad

Y las subidas continuaban pero el aislamiento y lo despoblado hacían el paisaje natural verse más cautivador. En el recorrido había áreas que en la era de hielo, el hielo no llegó, lo que quiera decir que el paisaje era muy viejo, virgen por decirlo así. Mucho tiempo pedaleamos cerca de riachuelos y ríos, todos ellos cargando agua cristalina lista para tomar. En casi todo el camino vimos feces de oso y sus huellas, pero por alguna razón que desconocemos, nunca pudimos ver uno.

La lluvia había dejado la carretera en malas condiciones, pero el mantenimiento que el gobierno le daba era impresionante, a cada rato maquinas aplanadoras pasaban para nivelar la carretera y camiones arrogaban grava para mantener el suelo compacto, ya que el permacongelamiento hacia que la tierra nunca se asentara al suelo. Y para que la tierra se secara rápido por las lluvias los tractores de mantenimiento también arrogaban cal, que dañara nuestras bicis y nuestra ropa, pero evitaba la congestión de lodo en el camino.

Después de dos días de pedalear desde el campamento llegamos al Hotel Eagle Plains. Fue como haber llegado a un oasis en medio del desierto. Ese día pedaleamos más de 8 horas y media y al llegar nos ordenamos una hamburguesa con champiñones y una cerveza como recompensa. Aquella noche nos bañamos y nos dormimos en el camping del lugar, compartiendo un espacio entre todos. El próximo día desayunamos e hicimos lunch ahí mismo, salimos tarde pero continuamos, pues apenas llevábamos la mitad.

Aunque la noche no existe en esa parte del mundo en el verano, llegó las 12 de la noche y ya estábamos cansados. Encontramos un lugar donde dormir con la ayuda de un motociclistas que nos ubico un lugar. Tuvimos que apresurarnos ya que a Martine se le infecto un ojo y debido al transplante de córnea que tuvo en él corría es riesgo de perderlo.

La próxima mañana nos levantamos emocionados ya que nos faltaba muy poco para llegar al Círculo Ártico y a la cima de la subida más pesada de todo el viaje. Estábamos a 40 km de ahí y según nuestro mapa desde ese punto era cuesta abajo.

Martine no se recupero y se regreso de raite al Hotel pero Annika, Luzia, Denise y yo seguimos con nuestra expedición.

Llegamos al Círculo Ártico

Llegamos al Círculo Ártico

Llegamos al Círculo Ártico

A pesar de la lluvia y las condiciones adversas en cuanto al clima, llegamos al Círculo Ártico! Fue muy emocionante, la lluvia no nos importaba y nos tomamos varias fotos para celebrar el acontecimiento, hasta nos tomamos una cerveza que un muchacho nos obsequio. Luego Luzia nos obsequio un certificado que decía que habíamos estado ahí, lo cuál se nos hizo un toqué magnífico. Lo único que se nos hizo triste es que Martine no estuviera con nosotros para compartirlo.

Y ya con eso atrás del camino seguimos a lo que creímos era el último estirón antes de la bajada, pues sabíamos que los últimos 200 km eran planos y para eso tan sólo faltan como 100.

El Día del Infierno Polar

Habíamos estudiado el mapa muy bien, el perfil claramente se veía con tendencia hacia abajo, es decir de bajada. La cima más difícil había quedado a tras en la frontera entre el territorio de Yukon y el Northwest Territory. Creo que el error fue ilusionarnos en esa mentira, porqué la realidad era otra totalmente distinta, la bajada era seguida por una serie de sube y bajas entre tractores y camiones de construcción que hicieron de los últimos 90km una verdadera pesadilla creada por nuestras mentes. Jugamos el juego de ya merito llegamos a la bajada, misma bajada que no llegó hasta dentro de 50 km. Algunos del equipo se quebraron, gritábamos al aire libre, COMO ES POSIBLE QUE HAYA MAS SUBIDAS! Nos quejábamos del mapa, de la persona que dibujo el perfil de viaje.

Y para acabarla de amolar, empezó a llover, aquella lluvia que hacía el camino lodoso. Conforme pasaba el tiempo el lodo de los carros y la llanta de Annika (yo pedaleo a tras de ella) poco a poco me llenaba de lodo por todos lados, al final parecía como si un Alce me hubiera zurrado con su diarrea. Nuestra situación era miserable y no entendíamos que pasaba, y nuestro cuerpo se sentía cansado harto de la naturaleza. Por lo mismo sentí que todos pedaleábamos por inercia, como si nuestro cuerpo ya sabía que hacer y sin pensar se movía como robot.

Subidas y mas Subidas

Subidas y mas Subidas

Justo antes de llegar a la verdadera bajada, a la que nos llevaría al río para poder llegar al campamento de Fort Mcpherson había una concentración muy grande de personas trabajando en la carretera dandole mantenimiento. Y como siempre la gente nos echo porras, nos dijeron que ya casi llegábamos a la bajada que ya estábamos ahí! Uno de los conductores de los camiones nos dio dos botellas de agua fría y nos aplaudió cuando nos vio partir.

Y por fin la bajada llegó! Bajamos esquiando algunos hoyos en la carretera y después de 20 minutos bajando llegamos al lugar donde teníamos que esperar por el Ferry. Estábamos exhaustos, cansados y hartos pero por fin habíamos llegado. Nunca había visto a Annika tan cansada, creo que no fui lo suficientemente sensible a ello y cuando me di cuenta había sido muy tarde, estaba enojada conmigo y luego triste. Fue un drama que yo ocasione, pero todo se resolvió con chocolate y un abrazo.

Habíamos pedaleado por alrededor de 96km en ocho horas y media.

Inuvik

Inuvik

Llegando a Nuestro Destino: Inuvik

El siguiente día decidimos quedarnos en el campamento y visitar Fort Mcpherson, Luzia y yo fuimos a una tienda y compramos cosas para hacer hot dogs con chili beans. Descansamos y nos preparamos para la parte mas sencilla del viaje. En el campamento nos reunimos con Martine que ya estaba mejor de su ojo y lista para seguir con nosotros.

La parte que siguió fue mucho mas amigable, en el sentido de que estaba plano y con dos pequeños pueblos en el camino antes de llegar a nuestro destino final. En uno de ellos Tsiigehtchic, hasta nos compramos un helado para celebrar que casi llegábamos a nuestro destino. Aquél lugar era muy interesante, era una comunidad de naciones originarias de Canada. Era totalmente independiente y es famoso por vender pescado seco. En el espíritu de acercarnos a la cultura del norte nos quedamos ahí toda una tarde y lo disfrutamos. Caminamos por sus calles, vimos como jugaban beisbol, un pudimos saborear un poco como es la vida de estas comunidades.

El día siguiente pedaleamos en el sol, hasta que llegó una nube de no se donde y nos empapo de agua con una lluvia fugaz pero intensa. Acampamos en un campamento a tan sólo 40 km de nuestro destino, secamos nuestra ropa y volvimos a dormir en el refugio de cocina.

El próximo día regresamos a la calle pavimentada, una felicidad indescriptible nos llenos de energía. Pedaleamos a gusto, disfrutando cada momento hasta llegar a la señal que marcaba el fin de nuestra aventura INUVIK: End of the Dempster Highway. Nos tomamos unas fotos donde brincábamos de alegría.

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