Hacia el Matadero

Camino Hacia el Matadero

Camino Hacia el Matadero

Si eres un un lector nuevo de Tasting Travels, siento la necesidad de aclararte quiénes somos y que hacemos. Yo soy Roberto Gallegos de Tijuana, B.C y viajé junto a mi esposa Annika Wachter de Alemania en bicicleta alrededor del mundo. Pasamos por 30 distintos países en un periodo de 5 años e hicimos más de 30,000 km sobre ruedas. Entre los países donde más pedaleamos fue México, en donde pedaleamos más de 4,500 km desde Mayo de 2016 a Octubre de 2016 de Tijuana hasta Cancún.

Bien, haciendo eso a un lado esta información aquí va una anécdota que correspondió al tramo que cubrimos desde Mazatlan hacia El Rosario, Sinaloa.

Sobre el cielo aparecían varias nubes que amenazaban lluvia. Aquí no llueve solamente, caen tormentas. Salimos de Mazatlan con dirección El Rosario donde queríamos llegar a dormir. Nos separaban alrededor de 77 kilómetros.

Nuestra primera parada la hicimos en una tienda que dispensaba agua potable. El señor, Aurelio, nos lavo nuestras botellas de agua que empezaban a acumular manchas verdes en el plástico, bastante asquerosas por cierto.

Aurelio inserto en cada botella piedras de río y mientras las agitaba para limpiar nuestras botellas nos advertía, “ Muchachos tengan cuidado, aquí no es tan seguro como la Baja California”. Yo, al saber de la reputación con la que cuenta Sinaloa por los periódicos y las noticias en general, quise minimizar el elefante grande en la habitación y le conteste, “ No se preocupe Don Aurelio, si la gran mayoría de la gente aquí es como usted vamos a estar muy bien!¨.

Aurelio sonrío y nos dijo llévense el agua, la casa paga. Estábamos a las afueras de Mazatlan, donde por cierto nos la habíamos pasado tremendamente bien sobre el malecón y las playas.

Annika es la encargada de guiarme, ella es la que busca las rutas que podemos tomar y como herramienta utiliza google maps. Cuando uno busca una ruta en bicicleta en google maps, su algoritmo normalmente se enfoca en encontrar la ruta con menor grado de dificultad en cuanto a subidas y bajadas, al igual que la ruta mas directa posible.

Casi siempre las rutas más directas implican pedalear por tramos que no están pavimentados. Annika me volteo a ver y me dijo, “ Pues la ruta que nos sugiere va por un camino no pavimentado justo a lado del tren. ¿La tomamos?¨. Lo pensé un segundo pero me dije, “ Tengo que tener fé en mi gente todo va a estar bien.”

Así que tomamos camino por esa ruta. Al inicio la ruta era perfecta, en cuanto a tráfico y pavimentación. Estábamos pedaleando sobre una carretera rural entre la naturaleza y un carro cada 20 minutos. Me dije, “Si así se queda va a ser la ruta perfecta!¨

Todo empezó a cambiar hasta que llegamos a La Amapa. Un poblado muy pequeño con las calles sin pavimentar. Llegamos ahí un poco después de medio y el sol estaba brutal. Decidimos hacer un descanso en una tienda de abarrotes donde nos compramos nuestro paquete ¨Resfrescate” nombre que bautice a nuestra agua mineral, cheetos y chocolate.

Annika en la Iglesia del Matadero

Annika en la Iglesia del Matadero

El dueño de la tienda de abarrotes se mostró igual de amable que Aurelio y hasta nos puso unas sillas para que nos sentáramos y descansáramos a lado del ventilador. A los pocos minutos llegó un pelotón de unos 30 motociclistas que paseaban por el área. Un par de ellos se acercaron a nosotros y me sentí intimidado.

Uno de ellos se me acerco y me dijo, “ Amigo, me puedes tomar una foto con mis amigos?” Acepté con una risa penosa por haberme sentido intimidado por un motociclista que más bien sonreía y actuaba como un joven disfrutando su juguete nuevo con sus amigos.

Los motociclistas se fueron, inclusive uno de ellos nos ofreció escoltarnos por si no sabíamos bien el camino. Amablemente declinamos su oferta, pero se lo agradecimos.

Rejuntamos nuestras cosas y nos preparamos para seguir, nos faltaban más de 45 kilómetros para llegar a nuestra meta y aún faltaba el tramo sin pavimentar. Antes de irnos el dueño de la tienda de abarrotes nos volvió a advertir sobre el cuidado que teníamos que tener. No le respondí nada pero lo volví a agradecer todas sus atenciones.

El camino a lado de las vías de tren se hacía más estrecho y más intrincado. Hubo momentos en el forraje se había comido el camino y teníamos que abrirlo un poco. Me sentí un poco nervioso, pero dentro de mí sabía que todo iba a estar bien.

Después de casi 15 km de terracería al final del tramo se veía un poblado. Pedaleamos lentamente. Me llamó la atención ver varios niños jugando en la calle. Eso ya casi no se ve en las ciudades. El pueblo se vía tranquilo. Muchas de sus calles estaban sin pavimentar pero en general se veía aseabo.

Aunque ya habían pasado las horas mas fuertes del sol, sus rayos aún nos causaban estragos.

Así fue que justo a lado de la plaza principal del pueblo acabamos en la tiendita de la familia de Maria Elena. Afuera de la tienda de abarrotes se estaba sentado su abuelo, Don Pablo. Un señor moreno, con un rostro arrugado, vestido con camisa blanca y sombrero de paja.

Al ver que llegábamos cansados se levanto de su asiento y nos acomodo dos sillas. Compramos unos refrigerios y nos sentamos a su lado. “ De donde vienen?”, me pregunto Don Pablo. Así el inició una conversación que duro fácilmente una hora entre él, su hija y su nieta Maria Elena.

El gran tema de la conversación era el gran juego de beisbol que se jugaba en un pueblo aledaño. Según entendí por lo que me platicó Maria Elena, se jugaba el campeonato. Su papa estaba en el equipo y el pueblo estaba nervioso por saber el resultado. Todos esperaban que ganara su equipo.

Cuando por fin decidimos dejar la comodidad de la tienda, Maria Elena nos preguntó, “ Hacia donde van?¨ Le respondimos que íbamos hacía El Rosario. Don Pablo le dijo, “ Eso queda como a 25 km. Lo bueno es que de aquí en adelante todo esta pavimentado¨.

Maria Elena mostró una cara de preocupación. Me volteó a ver y me preguntó, “ ¿Ya comieron?”. Le dije que se hacia tarde y que esperábamos comer en El Rosario. Como buena Sinaloense nego rotundamente mi negativa se levanto de su asiento y nos dijo con autoridad, “ Sigánme!”.

Nos llevó a su casa. No invito a sentarnos en una mesa que tenía en su patio, rodeado de árboles frutales y una vista escénica de los alrededores. “ No se pueden ir sin comer algo, siéntense ahorita regreso.”

Annika y Maria Elena

Annika y Maria Elena

A los 10 minutos Maria Elena regresó con un plato gigante de ceviche de pescado, una jarra de naranjada, tostadas y salsas. “ Esté es el ceviche que hace mi mamá, el que espera vender hoy en el pueblo cuando celebremos la victoria del equipo, por favor tomen lo que gusten.” Sin exagerar más de lo que puedo exagerar en un texto, el ceviche estaba delicioso. Es más, justo ahora que escribo sobre de él se me hace agua la boca de lo delicioso que estaba.

Sólo comimos Annika y yo. Ella ya había comido. Maria Elena nos hizo saber my claramente que le daba gusto invitarnos a comer y que no pensáramos que nos iba a cobrar después.

En la sobre mesa y con la panza llena y mi corazón contento le hice una pregunta. “ Maria Elena, ya van varias veces que nos dicen que tenemos que tener cuidado aquí por la seguridad, pero tu que opinas de la fama que se ha hecho de Sinaloa, sobre todo con su gente. Digo yo vengo de Tijuana y creo que la situación es un poco similar, pero a veces creo que es injusto, pues aquí todo el día nos han tratado de maravilla.”

Maria Elena me contestó, “ Pues pasa algo muy chistoso, aquí donde vive mi familia es un pueblo muy tranquilo. Como tú lo pudiste ver aquí lo que rifa es el beisbol. Cuando yo voy fuera y me preguntan de donde soy, siempre tengo que explicarles. Porqué no sólo vengo de la “peligrosa” (lo dice con sarcasmo) Sinaloa si no del pueblo Matadero, Sinaloa”.

Los tres soltamos la risa. Maria Elena nos explico que el nombre tenebroso que tiene su pueblo se debe a que durante muchos años varias vacas fueron atropelladas por el tren que pasaba por aquí. Y como eso se hizo famoso, por eso bautizaron al pueblo con ese nombre tan particular.

Ese día llegamos sanos y salvos a El Rosario. A pesar de que las nubes todo el tiempo nos amenazaron, durante todo el día que pedaleamos nunca llovió.

Bienvenidos al Matadero

Bienvenidos al Matadero

Al llegar a nuestro cuarto barato en El Rosario y acostado sobre la cama, reflexione mucho sobre lo que nos había pasado. Cuando llegamos a Tijuana mucha gente, amigos e inclusive familiares temían por nuestra seguridad al pedalear por México. Inclusive algunos se oponían a que lo hiciéramos, a pesar de la experiencia que ya teníamos. Al final en Octubre de 2016 terminamos nuestro tour amando aún más México y a su gente.

Sin embargo debo decir que entiendo de donde vienen estos miedos. Todos ellos justificados y validos. Sé que mi país no esta pasando por sus mejores momentos y mucha gente esta sufirendo.

Pero también entiendo que somos 120,000 millones de ellos. Y que la gran mayoría piensan justo como nosotros, queremos tener un país en paz donde podamos compartir risas sobre la mesa con llena de comida sana a lado de nuestros seres queridos también sanos y salvos. Creo que no es mucho pedir.

Y definitivamente creo que si queremos luchar para lograr esto una de las maneras de hacerlo es tomar la bicicleta y meterte al matadero, porqué quién sabe igual y ahí encuentras gente linda que te obsequie el mejor ceviche de tu vida. Y tus miedos se conviertan en amistades. Entre verdaderos amigos se puede abatir la violencia.

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