Australia en Bicicleta: Narooma a Sydney

We reached Sydney!

Wellington, New Zealand, April, 2015

Colin y Heather fueron grandes anfitriones y una de las cosas más suaves que hicieron por nosotros fue mostrarnos el camino de bici que su comunidad había construido con sus propias manos.

El camino concluía en Dalmeny, un poblado con una tiendita de servicio y un par de cafés y uno de los campings más bonitos que hayamos visto hasta la fecha. La clave era la geografía del lugar. El campamento estaba situado gusto enfrente del mar y a lado de una laguna que se llenaba con la marea que subía en la madrugada. Por ahí del atardecer la marea regresaba al mar, creando una especie de rápido donde podías dejarte llevar desde la laguna al mar. Mucho más divertido de lo que he podido describir.

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Ahí conocimos a Don Charly, un personaje que merece su propia entrada en el blog. Él y su familia llevaban años viniendo a ese lugar de vacaciones, desde Canberra la capital de Australia.

De los 4 días que nos quedamos ahí, dos nos invitaron a comer con ellos y varias veces nos compartieron cervezas y vino. Don Charly iba acompañado de su hija Andrea, Willy su esposo, Don Polo su mejor amigo, su esposa y los nietos.

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Al tercer día de estar ahí nos topamos a Richard Barker, un inglés viajando en bici como nosotros. Prácticamente lo raptamos y lo convencimos de quedarse con nosotros en el camping. Ese mismo día pedaleamos a un Sports Bar a ver el Super Bowl y tomarnos una cerveza. La pasamos bien y al momento de escribir ésta entrada supimos nuevamente de él, si todo sale bien lo volveremos a ver aquí en Nueva Zelanda en la costa del oeste.

Partimos Dalmeny con el dolor del alma e iniciamos nuestro camino hacía la gran ciudad, donde veríamos después de casi dos años a nuestros buenos amigos Mark y Chrissie.

El camino a Sydney fue pesado, muchos cerros que subir y mucho tráfico. Pero seguíamos la costa, y con la costa la belleza. El clima nos trató bastante bien, y el camino aún mejor. A cada 20 km nos parábamos en las playas y en las albercas de mar, cuadros de cemento construidas al pie del mar que creaban una alberca natural de agua de mar donde los Ozzies podían nadar. En muchas de éstas albercas habías regaderas y baños, lo que hacia la vida de campista mucho más fácil. Una ducha diaria a pesar de acampar seguido.

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De todas las subidas y bajadas la que mas odie fue la escalada después de pasar por el puente llamado Sea Cliff Bridge. El puente seguramente es una victoria de la ingeniería civil, pues el puente esta cimentado por encima del mar y pasa como una serpiente justo a lado de acantilado. Según los locales muchos anuncios de carros se han filmado ahí.

Después de pasar por ahí tuvimos que subir unos 400mts en menos de 5km de distancia en una calle que tenía una inclinación de al menos unos 20% según mis cálculos. Tan alto estaba que desde ahí los paraglaidistas se aventaban. Mi bicicleta empezaba a fallar, sobre todo mi llanta trasera, pues el eje se movía por el peso de mi equipaje. Ahí me di cuenta que mi bici, las había dado y era momento de retirarla.

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En Geringong a unos 100 km de la ciudad tuvimos la oportunidad de ser hospedados por Robert y Charly una pareja que pedaleo por Chile. Sus fotos me inspiraron a planear un viaje por Chile en bici, quizá en unos 5 años lo pueda hacer. Robert y Chalry fueron de mucha ayuda, sobre todo 15 km antes de llegar a su casa cuando mi bici ya no pudo más y nos recogió en su camioneta.

Después de una rica cena y unas cervezas, al siguiente Robert nos dio un aventon a una tienda de bici donde compramos un tubo de repuesto. Ese día salimos tarde de Geringong y tan sólo logramos pedalear unos 40km. La penúltima noche antes de llegar a Sydney acampamos en el parque de una suburbio y por la mañana fuimos a nadar a una de las albercas.

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Ahí conocimos a Craig y Diane, una pareja que se despertó temprano a nadar a la alberca. Con tan sólo 5 minutos de conocerlos y compartirles nuestra historia, nos invitaron a su casa a dormir esa misma noche. No dábamos crédito, ellos decían que querían que sus hijos nos conocieran.

Al llegar a su casa nos recibieron con un 12 de cervezas de Corona, un pollo rostizado y las llaves de su casa. Craig nos dijo, tenemos una cena, quedense en nuestra casa, coman lo que quieran, usen la piscina, echense una ducha y nos vemos en la noche. Por cierto aquí esta el password del internet y tenemos cable.

Craig y Diane nos dieron una lección de generosidad como ninguna otra, jamás lo voy a olvidar.

En la noche llegaron con sus hijos, todos ellos muy lindos y amigables. Platicamos por un par de horas sobre el viaje. Les insistimos que cualquier día que ellos quisieran estarían más que invitados a visitarnos a México o a Alemania. Que nuestra casa siempre sería la suya.

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Al siguiente día tomamos el tren para evitar pedalear por la periferia de la ciudad de Sydney y encontrarnos con el grupo de Kay. ¿Recuerdan a Kay? Pues terminaba su caminata en Sydney y lo acompañamos en su etapa final. Fue un honor para nosotros y nuestra llegada a Sydney no pudo ser mejor. Sería la última ciudad a la que pedaleabamos ese año, pues días después volaríamos a Christchurch, ciudad que sería nuestro hogar por el próximo año.

En Sydney pasamos 9 días con nuestros amigos Mark y Chrissie. Los que conocimos en Kirguistán. Les cociné flautas con una salsa ranchera para chuparse los dedos. En Sydney ofrecimos una plática sobre empatía y viaje en bici y Mark y Chrissie nos organizaron un tour por la ciudad en las vías de bici de la ciudad. Y así concluyó nuestra primera etapa de viaje alrededor del mundo.

Sería hasta después de un año que volveríamos a las andadas.

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