Laos: Entre la Tormenta y el Paraíso

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 Don Det, Laos Mayo 2013

Hay países que te conquistan, que los llegas a amar cada día más, para mí Laos es uno de ellos. En la última entrada de nuestro blog afirmé que Laos era el país perfecto para andar en bici. Después de otros 400 km de recorrido lo vuelvo a reafirmar. Aunque el sur es un tanto distinto al norte, principalmente por la vegetación y su topografía, el sur es mucho más fácil de pedalear porque es plano.

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En ésta ocasión el tramo lo iniciamos desde la segunda ciudad de mayor importancia en Laos, Savannahket. Nos quedamos 5 días en una ciudad a la que muchos turistas se quedan 2. Fueron dos cosas las que nos amararon a éste lugar solicitar la visa de Tailandia y Andee.

Al llegar a la ciudad no sabíamos nada. Un poco cansados por el recorrido decidimos llegar al primer hotel que encontráramos, estábamos dispuestos a pagar lo que sea (en Laos los precios van desde los 4 Euros a los 10 Euros por noche). Así que llegamos a un hotel con buena pinta. Entrada amplia, y un grupo de mujeres lao en una mesa comiendo. Al llegar hice la pregunta obligada: ¿ Hablan Inglés?

Con un rotundo y seguro: YES, me contesto la que convertiría una de nuestras mejore amigas en ese país Andee. Nos mostró varios cuartos pero el que nos había gustado no tenía ventanas. Se dio cuenta al respecto y pronto nos dijo: La familia tiene otro lugar disponible más al centro, yo los escoltó con gusto y ahí hay un cuarto muy bonito con balcón y ventana por 7 Euros. Su amabilidad nos gano y no nos importó pagar un poco más de lo que teníamos previsto. Al llegar al hotel su padre nos atendió y encontramos un lugar ejemplar, una casa antigua de épocas de la colonia Francesa.

Dinner with Andee and her younger brother Daonimith

Cena con Andee y su hermano

Sin mucha explicación del porqué Andee, Annika y yo hicimos click instantáneo. Tanto así que esa misma noche Andee nos invitó a cenar un delicioso fondue Laoense. “Jamás me hubiera imaginado comer aquí con clientes”, nos decía mientras comíamos. Andee terminó sus estudios en Vientane y ahora se estaba preparando para obtener algún puesto público que su padre le había acomodado. Sencilla, culta, simpática y amigable Andee deseaba conocer a extranjeros con los cuáles podría practicar su inglés y con ello aspirar a más que un puesto público. Ella como muchos jóvenes de ese país sueñan con estudiar en el extranjero, y pues de pronto ya se había ganado nuestra simpatía.

De los 5 días que nos hospedamos en su hotel, convivimos con ella. Para corresponder con todas sus atenciones le ayude un poco en su sitio web por lo que ella y su padre se mostraron muy agradecidos.

Paleontologist Bounxou Kentavong founded the museum

También dentro de esos días logramos obtener una nueva visa para entrar a Tailandia y visitar sus playas. El último día lo reservamos para visitar el Museo de los Dinosaurios. El Museo alberga varios fossiles que se han encontrado en la zona, por cierto muy famosa por el descubrimiento de fósiles de dinosaurios. El Museo aunque pequeño y escueto resultó en una de las experiencias más memorables de nuestras vidas. En el museo conocimos al paleantólogo responsable del museo y de las excavaciones, Bounxou Kentavong. El mismo nos dio un tour y nos dejo tocar un fósil de Dinosaurio con nuestras propias manos. Increíble, yo no lo podía creer, millones de años de historia en la palma de mi mano, “ Si el hueso hablará pensaba mientras lo sostenía”.

Other tourists

El Museo

Nos despedimos al siguiente día. Andee lloró y nos saco un par de lagrimas también, habíamos hecho una amiga y ahora la teníamos que dejar. En fin esta vida de carreras tiene muchos momentos tristes también, pero de los buenos tristes no de los chafas.

Nuestro recorrido por el sur fue intenso, días de 100 km por pedaleada. En realidad el clima nos ayudo, días nublados, poca lluvia pero lo más importante aún, una carretera plana!

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La hospitalidad de los Lao es incuestionable, son gente, como dirían nuestros amigos argentinos.

Antes de llegar nuestro último destino en Laos Don Det o las 4,000 islas hicimos una parada técnica en Paksé una ciudad pequeña donde re-descubrimos la comida Hindú. Nos quedamos un par de días en la ciudad, escribiendo y viendo películas. La realidad es que vimos mucho más películas que lo que escribimos, al menos yo, porqué Annika si hizo valer el internet gratuito.

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Nos despedimos sin pena ni gloría de Paksé y nos dirigimos al las 4,000 islas, un destino que se nos había descrito como un paraíso en la tierra. Un complejo de varias islas en medio del río Mekong con cascadas y rutas en bici que tejían algunas islas entre sí. Al final descubrimos uno de nuestros lugares favoritos del mundo no sin antes pasar por un momento de susto…

Das kleine Wartehäuschen füllt sich

En el refugio

Pedalear en la lluvia puede ser peligroso. Pero pedalear en medio de una tormenta puede ser mortal. Y tan sólo nos basto tener una probabita de lo que es para acrecentar nuestro respeto. Las nubes se veían negras, amenazantes, pero el viento estaba a nuestro favor y sin decir nada Annika y yo pedaleamos directamente hacía una pequeña tormenta. La primer señal de alarma vino de un trueno. Desde que lo ves al tiempo que suena, esa información te dice que tan cercano esta a tu ubicación, y ese trueno estaba a menos de un kilómetro de nosotros. Nos asustamos, los relámpagos no tienen misericordia con nadie. Después el viento empezó a soplar con violencia, sin pedalear avanzaba con rapidez y a esa señal le grite a Annika: Creo que esto ya no es divertido hermosa, hay que buscar algo!

Para nuestra bendita suerte, encontramos un refugio a menos de 200 metros de donde estábamos. Una choza que era más bien como un punto de inspección policiaca un par de metros antes del puente. Annika y yo nos subimos lo antes posible. Al poco tiempo llegaron varios motociclistas buscando la misma protección de la lluvia y del viento. En tan sólo unos minutos el lugar se lleno y todos sonreímos de nervios. Annika compartió sus cigarros y después de unos 20 minutos la tormenta se alejó y cada quien se monto a su nave.

Los locales nos aseguraron que esa tormenta no era nada peligrosa que era de las pequeñas. Serán unos meses interesantes para pedalear.

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Dejado atrás la experiencia de lo que se nos avecina, llegamos a Nagassan, el puerto que nos llevaría en bote a la isla de Don Det, el paraíso en Laos.

Paradiesische 4000 Inseln

Paradiesische 4000 Inseln

Nuestro plan era quedarnos 3 noches, pero terminamos quedándonos 15, dale click aqui para saber porque. La comodidad de la isla, sus bellos atardeceres, amaneceres y el desafortunado dengue que le dio a Annika nos obligo gustosamente a disfrutar la calma de la naturaleza. El dengue aunque incómodo, fue el menos severo de los 4 tipos que existen y el cuerpo fuerte de Annika respondió bien por lo que solamente necesito 5 días para recuperarse al 100%. Y con más recuerdos bellos que esa enfermedad, nos despedimos de la isla el mismo día que nuestra visa se vencía para cruzar un nuevo país Camboya, el lugar donde se encuentra Angkor Watt.

 

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