Sumatra en Bici: Los 30 Kilómetros más Pesados de Nuestro Viaje

Camino hacia la Cascada

Camino hacia la Cascada

Kuala Lumpur, Malasia, Diciembre, 2013

Sumatra en Bici

“Yo digo que nos quedemos unos días más con Boaz, al fin que 400km en dos semanas no son nada”, le dije a Annika. No pude haber estado más equivocado en mi vida.

Singapur estaba atrás de nosotros y llegamos a nuestro nuevo destino vía ferry, Batam, Indonesia. De camino conocimos a Eric Cruz un gran tipo, un paisano de San Luis Potosí pero que ahora es residente de los E.U.A. Extremadamente simpático y amigable y con tan sólo 45 minutos de conocernos ya nos había invitado a una carne asada en su casa los próximos días.

Al llegar al puerto nos despedimos de él, pero copiamos su teléfono. De manera puntual nos recibió Boaz, un maestro de la escuela de Inglés en Batam y nuestro anfitrión de couchsurfing. Nos guió a la casa donde los tres compartiríamos el hogar y después de dejar nuestras cosas nos llevo a cenar. Íbamos por tres días, acabamos quedándonos ahí por dos semanas con ellos. Muy común en nuestra rutina, y es que no sólo nos hicimos amigos con Boaz, sino de todo un grupo de personas increíbles que conocimos el primer día en una excursión a las cascadas.

La Cascada de Batam

La Cascada de Batam

Annika disfruando del agua.

Annika disfruando del agua.

SuperAnnika

SuperAnnika

Conocimos a Austin, Samantha, Joe, Jennifer, Jack, Katie, Dian, Ani, Phil, Reni solo por mencionar a algunos. Entre las nacionalidades estaban E.U.A, Australia y por supuesto Indonesia. Durante esas dos semanas visitamos unas cascadas, fuimos al cine a ver nueva película de Thor, visitamos el campamento Vietnamita en Indonesia, salimos a comer varias veces, fuimos al cine otra vez y dimos tres presentaciones en la escuela de inglés. La compañía era grandiosa, teníamos un cuarto muy a gusto con baño que más podíamos pedirle a la vida. Fue difícil dejarlo, pero teníamos que seguir nuestro camino.

Boaz y Phil

Boaz y Phil

Iglesia Catolica en el Refugio Vietnamita

Iglesia Catolica en el Refugio Vietnamita

La Pesadilla de los 30 Km

Nuestro plan original era ir al noreste de Indonesia, pero un volcán activo impidió realizar el plan. De Batam llegamos a un pequeño puerto de nombre Kuala Tungkal. No lo sabíamos pero era tan pequeño que no era común recibir extranjeros de visita. Así que desde el primer día que decidimos pasearnos por sus calles, la gente nos recibió como celebridades. A cada rato se querían tomar fotos con nosotros, más con Annika que conmigo (sigo sin entender porqué), y nos saludaban con lo poco de inglés que habían logrado aprender. De hecho yo me sentí un poco mal porque no hice gran esfuerzo por aprender su lengua. Lo más que maravillo, fue la colección de bicicletas que tenia el pueblo, taller tras taller de bicis de los modelos holandeses. Muy elegantes, no sabría decir de donde venían ya que eran marcas europeas, quizá nuestra única pista era que Indonesia alguna vez fue colonia Holandesa y quizá por ahí llegaría la explicación.

Las Bicis de Kuala Tungkal

Las Bicis de Kuala Tungkal

Las Bicis de Kuala Tungkal

Las Bicis de Kuala Tungkal

La Gente que Salva toda Situacion

La Gente que Salva toda Situacion

En fin, paseamos por el pueblo y nos metimos a una calle donde había una casa llena de niños. A partir de entonces casi siempre estuvimos rodeados de pequeños por casi todo el camino en Sumatra, la isla que queda al este de Malasia peninsular. Los dueños de la casa nos invitaron a entrar, nos ofrecieron comida, y se tomaron cuantas fotos quisieron con nosotros. Era inevitable sentirse feliz y querido con tanta muestra de cariños de parte de desconocidos. Rápidamente supimos que en Sumatra estaríamos seguros y que la gente nos cuidaría a pesar de cualquier cosa.

018

a Bella Gente de Indonesia

a Bella Gente de Indonesia

Por fin llegaba el día para volver a pedalear seriamente, nuestro destino Dumai, el puerto que quedaba más cerca a Melacca , Malaysia y donde habríamos de regresar para seguir a Kuala Lumpur.

El camino inició un poco confuso pero bien, todo pavimentado y con señales claras hacia donde debíamos de viajar. Muchas parejas viajan con GPS, pero nosotros desde hace mucho tiempo decidimos viajar con mapa, pensamos que viajar con GPS le quita un poco la sorpresa del camino y pues hasta hoy en día seguimos pensando lo mismo. Bueno como a todo buen viajero lo puede suceder, nos perdimos, dimos una vuelta falsa en algún lugar, y acabamos en medio de un pueblito. Como es costumbre, la gente nos ayudó y nos llevó a la casa del jefe del pueblo donde pasamos la noche. El jefe, un hombre alto, delgado con las manos gruesas, de bigote pronunciado y con una sonrisa siempre en su rostro, nos recibió felizmente en su hogar. Nos ofreció una cama y una cena, y desde que llegamos las visitas no cesaron de llegar. Mientras platicábamos, o mas bien hacíamos señas para comunicarnos, su hija dió un grito gigante y brincó de lado a lado de donde estaba. Un escorpión negro como de 15 cm de grande se cayo del techo de la casa asustándola a ella y en secreto a mi y a Annika. “Hay que poner la malla para mosquitos”, nos dijimos en pensamiento.

A pesar del tiempo viajando somos aún unos miedosos de lo peor de insectos y de animales que sinceramente creo que nos temen mas a nosotros. En fin ese día hicimos un total de 30km y el siguiente esperábamos hacer al menos 80. En cuanto nos levantamos todos los niños del pueblo estaban en la casa del jefe para despedirnos, ya nos había advertido el señor que el camino estaba difícil, por el lodo de la calle, pero quizá no le entendimos bien lo que nos quiso decir. Tres días después y tan sólo 30 km después entendimos lo que nos había querido decir, las calles no eran calles sino caminos llenos de lodo.

Empieza la Pesadilla del Lodo

Empieza la Pesadilla del Lodo

Por el peso de nuestras bicis, la calidad de nuestros guarda fangos y nuestros frenos V era imposible avanzar por ese camino. Así que no teníamos otra alternativa más que empujar las bicis y limpiar el lodo cada 50 mts. El camino se convirtió en nuestra más grande pesadilla. Mi sandalias se quedaban atrapadas en el lodo a cada rato y Annika simplemente opto por andar descalza. Tuvimos varias crisis psicológicas, pero todas ellas las superamos gracias a … así es la gente! Para poder contextualizar al lector de lo que estábamos pasando los comparto un extracto de mi memoria escrita.

Cansados de Empujar

Cansados de Empujar

El camino era café color popo de bebe. El lodo, recién mojado, mantenía una consistencia semi firme que tragaba con facilidad las suelas de mis sandalias. De vez en cuando corría el miedo de toparse con algún animal sumergido en la humedad del lodo, sobre todo alguna serpiente, los pastos altos hacían ver con dificultad la fauna presente. En muchos casos el lodo llegaba hasta mis rodillas y para salir tenía que sacrificar mi sandalia para despegar mi pie de su poder. El lodo se adhería a las llantas como un parásito incómodo, aunque era fácil de remover con cualquier palito de madera, una vez que se quedaba atrapado entre los frenos y los guarda fangos era imposible hacer rodas las llantas. La fricción de la llanta con el lodo, lo embarraba en cada hueco que antes alojaba el ligero y bendito aire que permitía nuestras ruedas rodar con gloria y regocijo.

El Camino en medio de la Jungla

El Camino en medio de la Jungla

El peso de las bicis hacía imposible cargarlas a través de las peores secciones del camino. Y aunque elegíamos pasar por las orillas donde el suelo era más firme, siempre habían esas secciones que inundaban todo, hasta nuestros ánimos. Al tercer día hubo un hombre que al ver como nos movíamos con dificultad decidió seguirnos por un rato y ayudarnos a remover el lodo con su varilla mágica de madera. Al final nos la obsequió junto con ella un jarrito de agua para refrescar nuestra esperanza. Cuando antes 3 kilómetros era una distancia de risa para ir a comprar queso en la tiendita en Bremen, aquí era un logro que se merecía celebrar sentado con un vaso de agua. Aunque me duela admitirlo y aunque se que el lodo es provedor de vida, ahora sé que que él es el peor enemigo de nuestras bicicletas.

Un respiro de pavimento

Un respiro de pavimento

Tuvimos varios ángeles guardianes que nos ayudaron en esos días de dificultad, de todas ellas una jovencita de nombre Guy nos robo el corazón. Ella hablaba inglés y nos presentó a toda su familia, nos llevó a un lugar muy rico para comer y hasta se hizo fan de nosotros en nuestro sitio web. No cabe duda que la gente es lo mejor en cualquier mala situación, siempre habrá una mano amiga. Y aunque superar aquellos 30 km nos tomo 3 días esos mismos días nos ayudaron a reflexionar sobre la distinta realidad que esta gente vive. Muchos de ellos tienen que usar esas “calles” para transportar sus cosas, ir a al escuela o ir al trabajo, yo al menos me quejaré mucho menos de los baches de mi cuadra. Lo que sí es que la experiencia de pasear en la jungla nadie nos la va a quitar, después de que todo pasó sin mayores consecuencias me dio gusto habernos perdido.

Al llegar al pavimento nuevamente celebramos como nunca, la calle por fin estaba adecuada para nuestras bicis, sin embargo otro reto nos esperaba.

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  1. Hector says:

    No quiero ni imaginar la angustia que debieron haber sentido en algunos momentos y los felicito por la muestra de perseverancia, aunque estoy de acuerdo contigo en que hay que pensar en las personas que deben lidiar con estos obstáculos gran parte de su vida para aprender a quejarnos menos y disfrutar más de lo que la vida nos regala. Los quiero mucho.

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